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Hay
aquí algo vivificante y dan ganas de agradecerlo. Por estos cuentos
circulan las emociones con una intensidad inusual. Federico Girón escribe
abriéndoles cauce. Sabe cederles la palabra, hacerlas fluir. Es hábil
graduando las intensidades imprescindibles para dar vida a los conflictos
que le importan. Violencia y ternura son dos territorios de fronteras lábiles
que Federico Girón se deleita en discernir y entrecruzar constantemente. Es
esa línea tenue y diáfana a la vez la que, incesantemente retrabajada,
brinda al autor algunos de los momentos más altos del libro. Esa fiebre que
el título privilegia como elemento capital del conjunto.
Se
reconoce en Federico Girón, en su manera de contar, al creador certero de
tensiones. Las intrigas que propone y con las que enhebra el despliegue de
sus temas, ganan cuerpo en forma gradual, creciente complejidad, hasta
encresparse finalmente tanto en esas circunstancias que parecen triviales,
como pueden ser las de un supermercado, como también en el frenesí
callejero de una extenuante persecución policial.
Hay
humor aquí aunque el dolor abunde. Y el lenguaje coloquial, bien dosificado
en voces que provienen de todos los ámbitos sociales, se hace oír siempre
con encanto lírico y simultánea eficacia dramática.
Federico
Girón sabe entretener porque sabe emocionar. ¿Cómo no reconocer en él a
un narrador cabal?
Santiago
Kovadloff
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